
Podar lavanda: cómo hacerlo correctamente
¿Cuál es el mejor momento para podar lavanda y hasta dónde se puede recortar? Te mostramos cómo podar tu lavanda de forma correcta.
1. Podar lavanda: preparación
La lavanda es fácil de cuidar, pero necesita una poda regular para mantenerse frondosa y llena de vida. Si se poda con poca frecuencia o de forma incorrecta, la planta corre el riesgo de lignificarse en exceso y acabar muriendo desde el interior. Por eso, elegir el momento adecuado es fundamental.
1.1 ¿Cuándo debo podar mi lavanda?
La lavanda se poda, por norma general, dos veces al año: la primera poda se realiza en primavera (de marzo a abril) para eliminar los brotes viejos y estimular el crecimiento. La segunda poda tiene lugar tras la floración, a finales de verano (de agosto a septiembre): mantiene la planta compacta y evita que se lignifique demasiado. Una poda periódica alarga considerablemente la vida de tu lavanda.
¿Quieres cortar tu lavanda para secarla? Entonces recorta las espigas florales antes de que se abran por completo, ya que en ese momento la concentración de aceites esenciales es la más alta.
1.2 Lo que necesitas
Para podar la lavanda solo necesitas unas pocas herramientas. Asegúrate de que estén limpias y bien afiladas para conseguir cortes limpios y no dañar la planta innecesariamente:
- Tijeras de podar (para brotes finos y la poda de formación)
- Si es necesario, tijeras cortarramas (para ramas gruesas y lignificadas en la poda de rejuvenecimiento)
- Guantes de jardinería (para proteger las manos)
- Un paño limpio o desinfectante (para limpiar las herramientas de corte)
Limpia las tijeras de podar antes de cada uso con un paño húmedo o con desinfectante. Así evitarás transmitir enfermedades fúngicas o plagas a la lavanda.

















2. Guía: cómo podar lavanda correctamente
Para que la poda de la lavanda sea un éxito, lo más importante es no cortar la madera vieja: las zonas lignificadas, por lo general, ya no vuelven a brotar. Al podar, trabaja siempre en la parte verde y viva de la planta.
- Examina la planta: observa la lavanda con atención e identifica las zonas lignificadas de la base y los brotes verdes y frescos que crecen por encima.
- Realiza la poda de primavera: en primavera, recorta los brotes del año anterior aproximadamente un tercio. Asegúrate de cortar siempre por encima de las yemas foliares visibles.
- Poda tras la floración: después de la floración, a finales de verano, corta los tallos marchitos de forma generosa. Puedes eliminar hasta dos tercios de los brotes del año.
- Busca una forma compacta: trabaja de manera uniforme desde el exterior hacia el interior y da a la lavanda una forma redondeada y densa, a modo de cojín.
- Revisa los puntos de corte: comprueba que todos los cortes se han realizado en la zona verde. Los cortes marrones y leñosos son una señal de alerta: es posible que la lavanda ya no rebrote en esas zonas.
- Retira los restos de poda: elimina por completo los brotes cortados del parterre para evitar la aparición de moho.
- Abona y riega: recuerda regar y abonar generosamente tu lavanda después de la poda.
Si tu lavanda está muy lignificada, puedes rejuvenecerla podándola de forma escalonada durante dos o tres años, recortando solo una parte de las ramas leñosas cada vez. Una poda radical de una sola vez puede dañar la planta de forma permanente.

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3. FAQ
¿Cómo y cuándo debo podar la lavanda?
La lavanda se poda dos veces al año: en primavera (de marzo a abril), recortando aproximadamente un tercio de los brotes, y después de la floración, a finales de verano (de agosto a septiembre), eliminando hasta dos tercios de los brotes nuevos. No cortes nunca la madera vieja y lignificada.
¿Qué errores se pueden cometer al podar lavanda?
El error más habitual es cortar la madera vieja: las zonas lignificadas apenas vuelven a brotar, lo que puede dañar la planta de forma permanente. También podar con poca frecuencia hace que la lavanda se lignifique desde la base y acabe abriéndose y perdiendo su forma.
¿Hay que cortar las flores marchitas de la lavanda?
Sí, debes cortar los tallos de lavanda marchitos poco después de la floración. Esto mantiene la planta compacta, en algunos casos estimula una segunda floración y evita que la lavanda se lignifique en exceso.
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